Primero fue el vino
La palabra viaja desde el latín oculus —el ojo, el agujero de la barrica— hasta el francés antiguo ouillage, la cantidad de vino necesaria para volver a llenar una barrica. A los toneleros les importaba porque el espacio vacío es donde el vino se echa a perder. En una bodega, el ullage es un problema que hay que rellenar.